martes, 3 de diciembre de 2013

¿Por qué soy tiburona?

Esto lo he contado mil veces, y lo seguiré contando! aunque ahora reposará plácidamente aquí en mi blog.

En el mejor lugar: A6, el Templo
Soy la menor de tres hermanas. Algo tal vez no tan bueno para un papá llanero -y caraquista, pero eso fue lo que le tocó y entonces desde chiquitas nos enseñó, junto con mi mamá -magallanera, lo hermoso y sabroso que es el deporte favorito de los venezolanos.  A mis escasos 10 años me estaban dando la responsabilidad de decidir cuál de los bandos de ‘los eternos rivales’ dominaría en casa!


El pequeño detalle es que transcurría la mejor época de los Tiburones de la Guaira (hasta el momento). Estábamos en 1980 y, a pesar del jonrón 20 de Baudilio, pasó algo simple: me enamoré perdidamente de la elegancia de Raúl Pérez Tovar en su jardín central, cargando en la espalda ese número 24 que me perseguiría años más tarde - pero como dice Michael Ende en su “Historia Interminable”[2], esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

Guerrillera yo, tanto entonces como ahora, no quise ser parte de lo común. Escogí algo especial…! pero no lo supe sino 20 años más tarde.

Llegué a tener un esposo guaireño y guairista! Eran los años 90 y de ser La Guerrilla pasamos a ser Salserín. Él era de los que no querían ir a ver perder al equipo y parece que yo estaba como chiquita que no quise llevarle la contraria. Así que tuve que esperar a estar soltera de nuevo (¿sería el beisbol causal de divorcio?) y en el año en que los Yankees alcanzaron su vigésimo cuarto campeonato (aja, el 24, y si! me gustan los Yankees) comencé a ir a mi estadio, ... sola, … a las gradas y fui feliz!


Llegó la era tecnológica y los grupos y las redes… Entonces lo supe. A partir de ese momento tuve una nueva familia, un nuevo estilo de vida, una nueva religión. Más nunca estaría sola. Y entonces pasan cosas simpáticas como que en medio de la nada, en salida de campo con unos colegas (en mi carrito muy bien identificado como tiburón), un motorizado nos toca corneta y se agarra la manga de la chaqueta… asustados mis colegas dicen ¡¡¿qué pasó?!! Ah, nada!! es un tiburón –desconocido- y me está saludando!! 

Doy gracias a Dios y a la vida, por esta parte de mi vida, que sin lugar a dudas, es una GRAN parte!

Siempre, Pa'encima!!!!


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